Pequeño microcuento

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡Hola! Hace tiempo que no publico algo mío y pensé que ahora es un buen momento (además porque ando escasa de tiempo). Así que aquí se los dejo, recuerdo que lo escribí una noche antes de dormir.

La muerte primera

Ahí está, caminando solo, plantando su sombra de luz artificial y sin ninguna otra compañía además del silencioso bullicio lejano de los autos. Es el momento perfecto. Con nada más que una punzada acertada y profunda, sin duda, lo lograré. Me encamino lentamente y con una extraña tranquilidad, una ligereza se apodera de mi cuerpo, como si por primera vez inhalara el verdadero aire que en algún lugar debe existir ¿Existirá? Supongo que sí, mis abuelos me hablaron de aquello, el aire… siempre he querido eso, irme a vivir al campo, en paz, tener mascotas, labrar la tierra y tener algo mío, solo mío, yo mismo, mi vida. Pues estoy perseguido por esta zozobra, que muta, transmuta constantemente en un camino, el amurallado camino que me ciega las opciones y  me deja ver solo su final, aquel patíbulo, desesperación. Y ahora, con una incomprensible tranquilidad, subo las escaleras del patíbulo hacia un río salvaje que espero prontamente desemboque a Utopía. Sin embargo, y como dije, yo no soy mío, y temo no volver a serlo, porque me han arrebatado de raíz, hasta quitarme mi respiración; desde aquel día no hay nada más alto que mi pulso, con él sobrevuelo el Empire State, rompo la tierra y resquebrajo la existencia, todo se derrite, me quemo. Y aquella feliz agricultora, hoy ha decidido sacarme a mí, uno de muchos, de su generosa huerta. Bondadosa cuida de cada uno, lo lava y come lentamente, lujuria y soberbia que reflejan perfección; los consume y desaparecen, la muerte placentera. Pero no lo soporto, verme caer, saber que voy directo a mi final. El egoísmo no soy yo, es ella, pero ella es todo, y lo peor, ella tiene todo, me tiene a mí, lo tiene a él. No lo soporto… y prefiero ir yo mismo a que me lleve ella.
Finalmente lo hice, dio un giro vertiginoso, incómodo, me miró a los ojos y vi miedo, el de ambos. No me gusta mirarme al espejo así que fui rápido y conciso, me limpié la sangre de las manos y revisé su pulso, se ha ido. Se ha ido todo y aquí está la liberación, al fin, he muerto.


Historias de mujeres, historias diferentes

martes, 22 de diciembre de 2015

Ahora les vengo a hablar de un libro que leí no hace mucho, y quería hablar especialmente de él porque me veo en la responsabilidad de compartir aquellos buenos libros pero desafortunadamente poco conocidos.
Primero, y como siempre, hay que introducirse a la autora:

Rosa Montero (1951-)


Rosa Montero nació el 3 de enero de 1951 en Madrid. Desde pequeña, a causa de la tuberculosis estuvo desde los cinco años hasta los 9 recluida en casa, se dedicó a leer y escribir. Estudió periodismo y psicología mientras colaboraba con grupos de teatro independiente como Tábano y Canon. Ha publicado en varios medios de comunicación y desde 1976 trabaja en exclusiva para el periodico El País. En 1978 gana el premio Mundo de entrevistas y en 1980 el premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios.

Fue redactora-jefe del suplemento dominical de El País hasta 1981. Ha publicado novelas, cuentos y recopilaciones de entrevistas y articulos.

Escribió los guiones de Media Naranja que Televisión Española emitió en 1986.

En 1997 ganó el I Premio Primavera de Novela por La hija del Caníbal. Ha recopilado sus cuentos de los últimos quince años y añadido algunos más en Amantes y enemigos.

El instituto La Laguna de Madrid le otorgó en 1999 el Primer Premio Literario y Periodísitico Gabriel García Márquez por su trabajo en El País.

Historias de mujeres

Ahora toca hablar del libro, primero, revisemos la primera impresión. La portada llama la atención porque en ella se ve a la ya bien conocida Frida Kahlo, que últimamente se ha vuelto muy famosa, en el último año han empezado a aparecer todo tipo de artículos con su rostro, carteras, pañuelos, cuadernos, agendas, etc. Por que se ha convertido en una especie de modelo a seguir para muchas mujeres. Sin embargo, este libro no es tan contingente, ya que fue publicado en 1995.

¿Y qué contiene el libro? Al abrirlo me encontré con un índice en el cual pude reconocer unos pocos nombres: Simone de Beauvoir, Agatha Christie, y por supuesto Frida Kahlo.
Luego te encuentras con un extenso prólogo en el cual te enteras de la historia de la mujer en el mundo, su primer papel secundario e incluso de adorno pero que luego, en el siglo XIX empieza a tener un protagonismo social muy especial, no reflejado en la sociedad misma, sino en la vida de ciertas mujeres que, a pesar de todas las dificultades que se le presentaron, en un entorno tan hostil, lograron ser diferentes y se convirtieron en mujeres sorprendentes.
Mujeres que vestidas de hombre se enlistaron en el ejército, que se convirtieron en monjas para proliferar todo su potencial intelectual, que se cambiaron el nombre para poder publicar sus libros, se disfrazaron para poder estudiar en la universidad, mujeres asesinas, vengativas, escalofriantes, que matan a sus hijos, esposos, para lograr ser independientes, para quitarles el trono, manipuladoras que a su merced tuvieron a un sinfín de amantes, etc., etc.

Admirables no son todas, conocidas tampoco, muchas anónimas, miserables, despreciables, hermosas, inteligentes, muchas cosas. Pero no cabe duda de que en este libro se encuentran mujeres asombrosas.

Es un libro de biografías, pero no las típicas que uno se encuentra buscando en internet. Puedes conocer a Agatha Christie o a Frida Kahlo, pero leyendo estas páginas descubrirás un enfoque totalmente diferente al que tenías de sus vidas ¿Sabías que un día Agatha salió de su casa y desapareció? La encontraron 11 días despúes, ella no recordaba quién era y creía llamarse Theresa Leene ¿Sabías que en la primera gran exposición de arte de Frida ella se encontrada en medio de la sala instalada en su cama porque se encontraba muy delicada de salud? Murió un año después.

Muchas más historias de mujeres hay por descubrir que los llenarán de sorpresas. Este libro es 100% recomendable, así que anímense a leerlo.
Aquí está el link desde el que descargué el libro (Sí, lo leí en pdf. Porque no vivo en Santiago y aquí no llegan tantos libros).
http://www.fiuxy.net/ebooks-gratis/3985165-historias-de-mujeres-rosa-montero-epub-pdf.html
Por si aún no saben si leerlo o no, tal vez se decidan leyendo los títulos de las biografías, despiertan la curiosidad.

Agatha Christie. La eterna fugitiva.

Mary Wollstonecraft. Ardiente soledad.

Zenobia Camprubí. La vida mortífera.

Simone de Beauvoir. Voluntad de ser.

Lady Ottoline Morrell. El exceso y la grandeza.

Alma Mahler. Con garras de acero.

María Lejárraga. El silencio.

Laura Riding. La más malvada.

George Sand. La plenitud.

Isabelle Eberhardt. Hambre de matirio.

Frida Kahlo. El mundo es una cama.

Aurora y Hildegart Rodríguez. Madre muerte.

Margaret Mead. Anidar en el viento.

Camille Claudel. Sueños y pesadillas.

Las hermanas Brontë. Valientes y libres.

Irene de Constantinopla. La madre que cegó a su hijo.

Cuentos inolvidables según Julio Cortázar - Parte 2

sábado, 12 de diciembre de 2015

Lo siento por no haber estado estos días, tuve problemas con mi computador y no fui capaz de usarlo por todo un mes ¡Pero he regresado! y traigo conmigo otro cuento inolvidable, de la mano de la escritora Leonora Carrington ¡Solo miren esa biografía! Al final, creo que el mejor logro de una persona es tener una biografía que valga la pena leer. Disfruten.

Leonora Carrington (1917-2011)

Leonora Carrington fue una pintora surrealista y escritora mexicana de origen inglés. Nacida el 6 de abril de 1917 en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra en el seno de una rica familia. En 1936 ingresa en la academia de Amédée Ozenfant donde realiza estudios de dibujo y pintura. En 1937 conoce a Max Ernst con el que marcha a París y la introduce en el círculo de los surrealistas, estilo del que será una gran intérprete; convivió con personajes notables del movimiento como Joan Miró y André Breton, así como con otros pintores que se reunían alrededor de la mesa del Café Les Deux Magots, como por ejemplo el pintor Pablo Picasso y Salvador Dalí.


Leonora Carrington tenía solo 20 años cuando conoció a Max Ernst en Londres. Entonces el pintor ya contaba con 47 años y con bastante fama como surrealista. La gran diferencia de edad, el hecho de que Ernst además estaba casado, así como sus posiciones surrealistas radicales hacían que esta relación no contara con la anuencia del padre de Leonora. A pesar de ello, la pareja se reencontró en París y pronto se fueron a vivir a la provincia, al poblado de Saint-Martin-d'Ardèche, en una casa de campo que adquirieron en 1938.
Desafortunadamente, su época de unión duró muy poco, pues él fue apresado durante unas semanas por las autoridades francesas en un campo de concentración al inicio de la Segunda Guerra Mundial, por ser un “extranjero enemigo”. En 1940, poco después de la ocupación Nazi, fue apresado por la Gestapo.
La guerra y el cautiverio de su amado forzaron la huida de Carrington a España, donde su ansiedad y delirios de persecución culminaron en una crisis nerviosa en la Embajada de Inglaterra en Madrid. Sus padres intervinieron y la hospitalizaron en un hospital psiquiátrico.
Ella recuerda esa etapa como la más espantosa de su vida y la plasmó en su libro “Memorias de Abajo”.


Su enfermera la ayudó a huir a Lisboa, donde se refugió en la Embajada de México. Allí conoció al escritor Renato Leduc, quien la ayudó a emigrar. Ese mismo año contrajeron matrimonio y Leonora viajó a Nueva York. En 1942 emigró a México y en 1943 se divorció de Renato Leduc. En México, la pintora restableció lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio, quienes también se encontraron en ese país, tales como André Breton, Benjamin Péret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantuvo una amistad duradera.
Se casó con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, el padre de sus dos hijos; Gabriel Weisz, poeta intelectual y Pablo Weisz, artista surrealista y reconocido doctor.

Leonora ha contribuido al arte del siglo XX no sólo en la plástica, sino también en importantes obras literarias. Autora de novelas y cuentos, en 1938 publicó su primer libro de relatos fantásticos “La casa del muerto”, ilustrado por Max Ernst. “El séptimo caballo” es una edición de 1992 que reúne sus cuentos más significativos.


Fue ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes, otorgado por el gobierno de México en el 2005.

Falleció a los 94 años en la Ciudad de México el 25 de mayo del 2011.


¿Y qué les parece? Me parece una persona interesante. Ahora, sin más preámbulos: ¡el cuento!

Conejos blancos 

Leonora Carrington


Ha llegado el momento de contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de Pest Street. Parecía como si las casas, de color negro rojizo, hubiesen surgido misteriosamente del incendio de Londres.
El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York. Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a dar una vuelta por las calles; así que me estuve sentada contemplando la casa de enfrente, mojándome de cuando en cuando la cara empapada de sudor. La luz nunca era muy fuerte en Pest Street. Había siempre una reminiscencia de humo que volvía turbia y neblinosa la visibilidad; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido una vista excelente. Me pasé varios días intentando descubrir enfrente alguna clase de movimiento; pero no percibí ninguno, y finalmente adopté la costumbre de desvestirme con total despreocupación delante de mi ventana abierta y hacer optimistas ejercicios respiratorios en el aire denso de Pest Street. Esto debió de dejarme los pulmones tan negros como las casas. 
Una tarde me lavé el pelo y me senté afuera, en el diminuto arco de piedra que hacía de balcón, para que se me secara. Apoyé la cabeza entre las rodillas, y me puse a observar una moscarda que chupaba el cadáver de una araña, a mis pies. Alcé los ojos, miré a través de mis cabellos largos, y vi algo negro en el cielo, inquietantemente silencioso para que fuera un aeroplano. Me separé el pelo a tiempo de ver bajar un gran cuervo al balcón de la casa de enfrente. Se posó en la balaustrada y miró por la ventana vacía. Luego metió la cabeza debajo de un ala, buscándose piojos al parecer. Unos minutos después, no me sorprendió demasiado ver abrirse las dobles puertas y asomarse al balcón una mujer. Llevaba un gran plato de huesos que vació en el suelo. Con un breve graznido de agradecimiento, el cuervo saltó abajo y se puso a hurgar en su comida repugnante. La mujer, que tenía un pelo negro larguísimo, lo utilizó para limpiar el plato. Luego me miró directamente y sonrió de manera amistosa. Yo le sonreí a mi vez y agité una toalla. Esto la animó, porque echó la cabeza para atrás con coquetería y me dedicó un elegante saludo a la manera de una reina. 
—¿Tiene un poco de carne pasada que no necesite? —me gritó. 
—¿Un poco de qué? —grité yo, preguntándome si me habría engañado el oído. 
—De carne en mal estado. Carne en descomposición.
 —En este momento, no —contesté, preguntándome si no estaría bromeando. 
—¿Y tendrá para el fin de semana? Si fuera así, le agradecería inmensamente que me la trajera. 
A continuación volvió a meterse en el balcón vacío, y desapareció. El cuervo alzó el vuelo. Mi curiosidad por la casa y su ocupante me impulsó a comprar un gran trozo de carne a la mañana siguiente. Lo puse en mi balcón sobre un periódico y esperé. En un tiempo relativamente corto, el olor se volvió tan fuerte que me vi obligada a realizar mis tareas diarias con una pinza fuertemente apretada en la punta de la nariz. De cuando en cuando bajaba a la calle a respirar. Hacia la noche del jueves, noté que la carne estaba cambiando de color; así que, apartando una nube de rencorosas moscardas, la eché en mi bolsa de malla y me dirigí a la casa de enfrente. Cuando bajaba la escalera, observé que la casera parecía evitarme. 
Tardé un rato en encontrar el portal de la casa. Resultó que estaba oculto bajo una cascada de algo, y daba la impresión de que nadie había salido ni entrado por él desde hacía años. La campanilla era de ésas antiguas de las que hay que tirar; y al hacerlo, algo más fuerte de lo que era mi intención, me quedé con el tirador en la mano. Di unos golpes irritados en la puerta y se hundió, dejando salir un olor espantoso a carne podrida. El recibimiento, que estaba casi a oscuras, parecía de madera tallada. La mujer misma bajó, susurrante, con una antorcha en la mano. 
—¿Cómo está usted? ¿Cómo está usted? —murmuró ceremoniosamente; y me sorprendió observar que llevaba un precioso y antiguo vestido de seda verde. Pero al acercarse, vi que tenía la tez completamente blanca y que brillaba como si la tuviese salpicada de mil estrellitas diminutas. 
—Es usted muy amable —prosiguió, tomándome del brazo con su mano reluciente—. No sabe lo que se van a alegrar mis pobres conejitos. 
Subimos; mi compañera andaba con gran cuidado, como si tuviese miedo. El último tramo de escalones daba a un «boudoir» decorado con oscuros muebles barrocos tapizados de rojo. El suelo estaba sembrado de huesos roídos y cráneos de animales. 
—Tenemos visita muy pocas veces —sonrió la mujer—. Así que han corrido todos a esconderse en sus pequeños rincones. Dio un silbido bajo, suave y, paralizada, vi salir cautamente un centenar de conejos blancos de todos los agujeros, con sus grandes ojos rosas fijamente clavados en ella.
 —¡Vengan, bonitos! ¡Vengan, bonitos! —canturreó, metiendo la mano en mi bolsa de malla y sacando un trozo de carne podrida. Con profunda repugnancia, me aparté a un rincón; y la vi arrojar la carroña a los conejos, que se pelearon como lobos por la carne. 
—Una acaba encariñándose con ellos —prosiguió la mujer—. ¡Cada uno tiene sus pequeñas costumbres! Le sorprendería lo individualistas que son los conejos. 
Los susodichos conejos despedazaban la carne con sus afilados dientes de macho cabrío. 
—Por supuesto, nosotros nos comemos alguno de cuando en cuando. Mi marido hace con ellos un estofado sabrosísimo, los sábados por la noche. 
Seguidamente, un movimiento en uno de los rincones atrajo mi atención; entonces me di cuenta de que había una tercera persona en la habitación. Al llegarle a la cara la luz de la antorcha, vi que tenía la tez igual de brillante que ella; como oropel en un árbol de Navidad. Era un hombre y estaba vestido con una bata roja, sentado muy tieso, y de perfil a nosotros. No parecía haberse enterado de nuestra presencia, ni del gran conejo macho cabrío que tenía sentado sobre su rodilla, donde masticaba un trozo de carne. La mujer siguió mi mirada y rió entre dientes. 
—Ése es mi marido. Los chicos solían llamarlo Lázaro… 
Al sonido de este nombre, familiar, el hombre volvió la cara hacia nosotras; y vi que tenía una venda en los ojos. 
—¿Ethel? —preguntó con voz bastante débil—. No quiero que entren visitas aquí. Sabes de sobra que lo tengo rigurosamente prohibido. 
—Vamos, Laz; no empecemos —su voz era quejumbrosa—. No me puedes escatimar un poquitín de compañía. Hace veinte años y pico que no veía una cara nueva. Además ha traído carne para los conejos. 
La mujer se volvió y me hizo seña de que fuera a su lado. 
—Quiere quedarse entre nosotros; ¿a que sí? —de repente me entró miedo y sentí ganas de salir, de huir de estas personas terribles y plateadas y de sus conejos blancos carnívoros.
— Creo que me voy a marchar; es hora de cenar. 
El hombre de la silla profirió una carcajada estridente, aterrando al conejo que tenía sobre la rodilla, el cual saltó al suelo y desapareció. La mujer acercó tanto su cara a la mía que creí que su aliento nauseabundo iba a anestesiarme. 
—¿No quiere quedarse, y ser como nosotros? En siete años su piel se volverá como las estrellas; siete años tan sólo, y tendrá la enfermedad sagrada de la Biblia: ¡la lepra! 
Eché a correr a trompicones, ahogada de horror; una curiosidad malsana me hizo mirar por encima del hombro al llegar a la puerta de la casa, y vi que la mujer, en la balaustrada, alzaba una mano a modo de saludo. Y al agitarla, se le desprendieron los dedos y cayeron al suelo como estrellas fugaces.

En El séptimo caballo y otros cuentos, México, Siglo XXI, 1992. 
Traducción de Francisco Torres Oliver

Julián Naranjo Donoso, afiches que gritan

lunes, 16 de noviembre de 2015



Hace poco asistí a la exposición Retrovisión: 33 años de pensamiento visual y fue un impacto total, esta exposición es una selección de afiches de Julián Naranjo Donoso, exhibición que abarcó trabajos desde 1981 hasta 2014, desde algunos realizados en Estados Unidos hasta otros especialmente creados para esta retrospectiva, todos ellos seleccionados por la curatoría de Claudio Aguilera. Las temáticas de los afiches de Naranjo son diversas: causas sociales, identidad, derechos humanos, teatro, horóscopo chino y seminarios en torno al diseño en general y al afiche, en particular.


Julián Naranjo Donoso, diseñador gráfico graduado en la Universidad de Chile en 1979, posee una amplia experiencia en el diseño de afiches, complementada con el ejercicio académico, formando a futuros diseñadores gráficos en diversas instituciones educativas.
Comienza su carrera en San Diego, California, USA, trabajando para diferentes agencias de publicidad y estudios de diseño como Director de Arte y Director Creativo destacando en 1983 su incorporación a Design Group West. Actualmente, se desempeña como director de Naranjo BrandDesign, empresa dedicada al diseño y comunicación visual.


Desde sus inicios, ha obtenido reconocimiento mediante un centenar de premios y publicaciones en los anuarios más prestigiosos del mundo, resaltando la medalla de oro en el Arts Director Club of New York, publicaciones en Communication Arts, Idea Magazine, Print, AIGA, Graphics, ADLA Art Directos Club of Los Angeles, California Design & Exhibition, entre otros.
El autor es considerado como uno de los diseñadores chilenos contemporáneos más importantes, junto a Guillermo Tejeda, Vicente Larrea o José Neira, entre otros, según el libro (y la serie) Historia del Diseño Gráfico en Chile de Pedro Álvarez. También ha sido reconocido por trabajos más formales en el área de marketing para grandes marcas como Cerveza Cristal, Coca-Cola, Luchetti, entre otras.

Lo único que quiero hacer en esta entrada es mostrarle algunos de los afiches de Naranjo porque me dejaron completamente boquiabierta, es un verdadero genio y vale la pena conocer su trabajo.










Frases de El Lobo Estepario

domingo, 15 de noviembre de 2015

El Lobo Estepario es una de las obras maestras del expresionismo. Su personaje es un hombre solitario, salvaje, apasionado, al borde de la locura, que deambula por la zonas oscuras de la ciudad, buscando ansiosamente un lugar que le dé amparo, pero incapaz de permanecer en alguna morada duradera.
Este es uno de mis libros favoritos de este año, pues me encuentro con una caótica y bella recopilación de las tantas reflexiones que he experimentado a lo largo de mi vida, cosas impensables de pronunciar fuera de la cabeza se pueden leer en este libro ¿Qué piensas sobre el mundo? ¿la guerra? ¿sobre ti mismo? ¿el suicidio? Las opiniones sobre estos temas ya están predispuestas así que no hay necesidad de darle vueltas. Sin embargo, Hermann Hesse nos muestra a carne abierta el pensar de un lobo estepario, loco, apasionado, incomprendido, solitario, salvaje.

Hermann Hesse (1887-1962)

Escritor nacido el 2 de julio de 1887 en Calw, Alemania. Durante la Primera Guerra Mundial se trasladó a Suiza y se hizo ciudadano en 1923. La desesperanza y la desilusión que le produjeron la guerra y una serie de tragedias domésticas y sus intentos por encontrar soluciones se convirtieron en el asunto de su posterior obra novelística. Sus escritos se fueron enfocando en la búsqueda espiritual de nuevos objetivos y valores que sustituyeran a los tradicionales que ya no eran válidos.
Entre sus obras más importantes se deben mencionar Demian, El Lobo Estepario y Sidhartha. Hesse ganó el Prmio Nobel de Literatura en 1946 y murió el 9 de agosto de 1962.






Frases de El Lobo Estepario

"Ay, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de esta época tan satisfecha, tan burguesa, tan superficial."

"Cada persona debería investigar dentro de sí mismo para saber hasta qué punto es también responsable de la guerra y todas las demás miserias del mundo (...) ¡Nadie encuentra lo más mínimo que reprocharse, nadie tiene la culpa! Uno podría pensar que el mundo es fantástico, solo que hay unas doce millones de personas asesinadas bajo tierra."

"A pesar de que todavía vivía dentro del marco burgués, en ese mundo mi forma de sentir y de pensar no eran más que las de un extranjero."


"Tanto nuestro país como nuestro mundo estarían mejor si por lo menos algunas personas capaces de razonar eligieran la sensatez y el amor y la paz, en lugar de encarar con ceguera y fanatismo una nueva guerra."

"Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta que punto tienen uno parte y corresponde al desorden del mundo, eso no lo quiere nadie."

"Él había pensado más que otros hombres, poseía en asuntos de espíritu una serena objetividad."
"Haller era un genio del sufrimiento."

"La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas."


"Ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo extremadamente multifacético, un pequeño firmamento, un caos de formas, escalones y situaciones, de herencias y posibilidades."

"Él, que conoce tanto el placer de la meditación como las alegrías tenebrosas del odio hacia los demás y hacia sí mismo, él, que desprecia la ley, la virtud y el sentido común es, a pesar de todo, un prisionero de la burguesía y no puede escapar."

"El Reino de los auténticos, a él pertenece la música de Mozart"

"Esta mujer que me había penetrado perfectamente y sabía más de mi vida que todos los sabios, se dedicaba a ser niña, al pequeño juego de la vida del momento."


"Cuando un hombre está muy triste porque se da cuenta de cómo es todo, entonces se parece un poco a un animal."

"Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida algo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza del ambiente."

"No estoy contento con ser feliz, no he sido creado para ello, quiero más."

"A los verdaderos hombres no les pertenece nada. El tiempo y el dinero pertenece a los mediocres y superficiales."

"Una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no eran cosas para mí."

"Los locos que son genios, completan la psicología defectuosa del equilibrio mundial."


Cuentos inolvidables según Julio Cortázar - Parte 1

domingo, 8 de noviembre de 2015

Considero a Julio Cortázar uno de los mejores escritores con los que he tenido el placer de toparme en mi travesía literaria, y de esta misma manera piensan muchos más, sus numerosos escritos son considerados verdaderas joyas de la literatura contemporánea porque, y no exagero, él fue un genio entre genios.
Su fama no fue poca, fue el protagonista de muchas charlas y conferencias gracias a las cuales se puede tener un perfil bastante fiel de cómo fue el escritor. Dentro de estos registros quedó grabada una ocasión en la cual Cortázar dio una lista de cuentos que él considera inolvidables, no pasó desapercibido pues la Editorial Alfaguara los reunió en una fascinante antología que me encontré curioseando por internet.
He decidido entonces compartir aquellos cuentos con ustedes, son un total de diez. Pero claro, ésta no es una lista definitiva, el mismo Cortázar agregó después de nombrar estos cuentos "y así podría seguir y seguir", pues todo lector entusiasta no sería capaz de encerrarse en una pequeña nómina excluyente, siempre hay más y más por descubrir.

Empecemos entonces con el primer cuento, es del bien conocido "ratón de biblioteca" Jorge Luis Borges, sus innumerables referencias a libros, autores, hechos y demás en sus cuentos es increíble, en cada escrito suyo se puede notar un gran conocimiento de filosofía, historia, literatura, psicología, teología... (lista infinita). Otro genio en el que vale la pena adentrarse.

Jorge Luis Borges (1899 - 1986)


  • Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo
  • Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires.
  • Se traslada con su familia a Ginebra y consuma sus estudios allí.
  • En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas.
  • En 1923, publicó su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires.
  • En la década de 1930, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego
  • A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973)
  • A partir de 1955 fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires.
  • Ganador del Premio Miguel de Cervantes en 1980.
  • Traducido a más de 25 idiomas.
  • Se dice que no recibió el Premio Nobel por razones políticas.
  • Falleció en Ginebra el 14 de junio de 1986.

Bueno, ya que hemos conocido la vida de Borges, podemos proseguir a leerlo. Como ya dije antes, Borges es un intelectual, hace muchas referencias en sus relatos, por lo que en cada referencia que aparezca en el siguiente texto, esta se presentará destacada para que la busquen en un anexo que dejo al final del cuento para que puedan conocer a qué o quién se refiere el autor en su prosa. Empecemos.

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

I

Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedía (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres. Le pregunté el origen de esa memorable sentencia y me contestó que The Anglo-American Cyclopaedia la registraba, en su artículo sobre Uqbar. La quinta (que habíamos alquilado amueblada) poseía un ejemplar de esa obra. En las últimas páginas del volumen XLVI dimos con un artículo sobre Upsala; en las primeras del XLVII, con uno sobre Ural-Altaic Languages, pero ni una palabra sobre Uqbar. Bioy, un poco azorado, interrogó los tomos del índice. Agotó en vano todas las lecciones imaginables: Ukbar, Ucbar, Ookbar, Oukbahr... Antes de irse, me dijo que era una región del Irak o del Asia Menor. Confieso que asentí con alguna incomodidad. Conjeturé que ese país indocumentado y ese heresiarca anónimo eran una ficción improvisada por la modestia de Bioy para justificar una frase. El examen estéril de uno de los atlas de Justus Perthes fortaleció mi duda.

Al día siguiente, Bioy me llamó desde Buenos Aires. Me dijo que tenía a la vista el artículo sobre Uqbar, en el volumen XXVI de la Enciclopedia. No constaba el nombre del heresiarca, pero sí la noticia de su doctrina, formulada en palabras casi idénticas a las repetidas por él, aunque -tal vez- literariamente inferiores. Él había recordado: Copulation and mirrors are abominable. El texto de la Enciclopedia decía: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan. Le dije, sin faltar a la verdad, que me gustaría ver ese artículo. A los pocos días lo trajo. Lo cual me sorprendió, porque los escrupulosas índices cartográficos de la Erdkunde de Ritter ignoraban con plenitud el nombre de Uqbar.

El volumen que trajo Bioy era efectivamente el XXVI de la Anglo-American Cyclopaedia. En la falsa carátula y en el lomo, la indicación alfabética (Tor-Ups) era la de nuestro ejemplar, pero en vez de 917 páginas constaba de 921. Esas cuatro páginas adicionales comprendían al artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el lector) por la indicación alfabética. Comprobamos después que no hay otra diferencia entre los volúmenes. Los dos (según creo haber indicado) son reimpresiones de la décima Encyclopaedia Britannica. Bioy había adquirido su ejemplar en uno de tantos remates.


Leímos con algún cuidado el artículo. El pasaje recordado por Bioy era tal vez el único sorprendente. El resto parecía muy verosímil, muy ajustado al tono general de la obra y (como es natural) un poco aburrido. Releyéndolo, descubrimos bajo su rigurosa escritura una fundamental vaguedad. De los catorce nombres que figuraban en la parte geográfica, sólo reconocimos tres -Jorasán, Armenia, Erzerum-, interpolados en el texto de un modo ambiguo. De los nombres históricos, uno solo: el impostor Esmerdis el mago, invocado más bien como una metáfora. La nota parecía precisar las fronteras de Uqbar, pero sus nebulosos puntos de referencias eran ríos y cráteres y cadenas de esa misma región. Leímos, verbigracia, que las tierras bajas de Tsai Jaldún y el delta del Axa definen la frontera del sur y que en las islas de ese delta procrean los caballos salvajes. Eso, al principio de la página 918. En la sección histórica (página 920) supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo trece, los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra. La sección idioma y literatura era breve. Un solo rasgo memorable: anotaba que la literatura de Uqbar era de carácter fantástico y que sus epopeyas y sus leyendas no se referían jamás a la realidad, sino a las dos regiones imaginarias de Mlejnas y de Tlön... La bibliografía enumeraba cuatro volúmenes que no hemos encontrado hasta ahora, aunque el tercero -Silas Haslam: History of the Land Called Uqbar, 1874-figura en los catálogos de librería de Bernard Quaritch.El primero, Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asien, data de 1641 y es obra de Johannes Valentinus Andreä. El hecho es significativo; un par de años después, di con ese nombre en las inesperadas páginas de De Quincey (Writings, decimotercero volumen) y supe que era el de un teólogo alemán que a principios del siglo XVII describió la imaginaria comunidad de la Rosa-Cruz -que otros luego fundaron, a imitación de lo prefigurado por él.

Esa noche visitamos la Biblioteca Nacional. En vano fatigamos atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficas, memorias de viajeros e historiadores: nadie había estado nunca en Uqbar. El índice general de la enciclopedia de Bioy tampoco registraba ese nombre. Al día siguiente, Carlos Mastronardi (a quien yo había referido el asunto) advirtió en una librería de Corrientes y Talcahuano los negros y dorados lomos de la Anglo-American Cyclopaedía... Entró e interrogó el volumen XXVI. Naturalmente, no dio con el menor indicio de Uqbar.

II

Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente... Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo. Una tarde, hablamos del sistema duodecimal de numeración (en el que doce se escribe 10). Ashe dijo que precisamente estaba trasladando no sé qué tablas duodecimales a sexagesimales (en las que sesenta se escribe 10). Agregó que ese trabajo le había sido encargado por un noruego: en Rio Grande do Sul. Ocho años que lo conocíamos y no había mencionado nunca su estadía en esa región... Hablamos de vida pastoril, de capangas, de la etimología brasilera de la palabra gaucho (que algunos viejos orientales todavía pronuncian gaúcho) y nada más se dijo -Dios me perdone- de funciones duodecimales. En setiembre de 1937 (no estábamos nosotros en el hotel) Herbert Ashe murió de la rotura de un aneurisma. Días antes, había recibido del Brasil un paquete sellado y certificado. Era un libro en octavo mayor. Ashe lo dejó en el bar, donde -meses después- lo encontré. Me puse a hojearlo y sentí un vértigo asombrado y ligero que no describiré, porque ésta no es la historia de mis emociones sino de Uqbar y Tlön y Orbis Tertius. En una noche del Islam que se llama la Noche de las Noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros; si esas puertas se abrieran, no sentiría lo que en esa tarde sentí. El libro estaba redactado en inglés y lo integraban 1001 páginas. En el amarillo lomo de cuero leí estas curiosas palabras que la falsa carátula repetía: A First Encyclopaedia of Tlön. vol. XI. Hlaer to Jangr. No había indicación de fecha ni de lugar. En la primera página y en una hoja de papel de seda que cubría una de las láminas en colores había estampado un óvalo azul con esta inscripción: Orbis Tertius. Hacía dos años que yo había descubierto en un tomo de cierta enciclopedia práctica una somera descripción de un falso país; ahora me deparaba el azar algo más precioso y más arduo. Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico.

En el "onceno tomo" de que hablo hay alusiones a tomos ulteriores y precedentes. Néstor Ibarra, en un artículo ya clásico de la N. R. F., ha negado que existen esos aláteres; Ezequiel Martínez Estrada y Drieu La Rochelle han refutado, quizá victoriosamente, esa duda. El hecho es que hasta ahora las pesquisas más diligentes han sido estériles. En vano hemos desordenado las bibliotecas de las dos Américas y de Europa. Alfonso Reyes, harto de esas fatigas subalternas de índole policial, propone que entre todos acometamos la obra de reconstruir los muchos y macizos tomos que faltan: ex ungue leonem. Calcula, entre veras y burlas, que una generación de tlönistas puede bastar. Ese arriesgado cómputo nos retrae al problema fundamental: ¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada unánimemente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras... dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional. Básteme recordar que las contradicciones aparentes del Onceno Tomo son la piedra fundamental de la prueba de que existen los otros: tan lúcido y tan justo es el orden que se ha observado en él. Las revistas populares han divulgado, con perdonable exceso, la zoología y la topografía de Tlön; yo pienso que sus tigres transparentes y sus torres de sangre no merecen, tal vez, la continua atención de todos los hombres. Yo me atrevo a pedir unos minutos para su concepto del universo.


Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción. Ese dictamen es del todo verídico en su aplicación a la tierra; del todo falso en Tlön. Las naciones de ese planeta son -congénitamente- idealistas. Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo. El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial. No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlön, de la que proceden los idiomas "actuales" y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice hlör u fang axaxaxas mlö o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunó. Upward, behind the onstreaming it mooned).

Lo anterior se refiere a los idiomas del hemisferio austral. En los del hemisferio boreal (de cuyaUrsprache hay muy pocos datos en el Onceno Tomo) la célula primordial no es el verbo, sino el adjetivo monosilábico. El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o anaranjado-tenue-del cielo o cualquier otra agregación. En el caso elegido la masa de adjetivos corresponde a un objeto real; el hecho es puramente fortuito. En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso, mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. Hay poemas famosos compuestos de una sola enorme palabra. Esta palabra integra un objeto poéticocreado por el autor. El hecho de que nadie crea en la realidad de los sustantivos hace, paradójicamente, que sea interminable su número. Los idiomas del hemisferio boreal de Tlön poseen todos los nombres de las lenguas indoeuropeas y otros muchos más.


No es exagerado afirmar que la cultura clásica de Tlön comprende una sola disciplina: la psicología. Las otras están subordinadas a ella. He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo. Spinoza atribuye a su inagotable divinidad los atributos de la extensión y del pensamiento; nadie comprendería en Tlön la yuxtaposición del primero (que sólo es típico de ciertos estados) y del segundo -que es un sinónimo perfecto del cosmos-. Dicho sea con otras palabras: no conciben que lo espacial perdure en el tiempo. La percepción de una humareda en el horizonte y después del campo incendiado y después del cigarro a medio apagar que produjo la quemazón es considerada un ejemplo de asociación de ideas.

Este monismo o idealismo total invalida la ciencia. Explicar (o juzgar) un hecho es unirlo a otro; esa vinculación, en Tlön, es un estado posterior del sujeto, que no puede afectar o iluminar el estado anterior. Todo estado mental es irreductible: el mero hecho de nombrarlo -id est, de clasificarlo- importa un falseo. De ello cabría deducir que no hay ciencias en Tlön -ni siquiera razonamientos. La paradójica verdad es que existen, en casi innumerable número. Con las filosofías acontece lo que acontece con los sustantivos en el hemisferio boreal. El hecho de que toda filosofía sea de antemano un juego dialéctico, una Philosophie des Als Ob, ha contribuido a multiplicarlas. Abundan los sistemas increíbles, pero de arquitectura agradable o de tipo sensacional. Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos. Hasta la frase "todos los aspectos" es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos. Tampoco es lícito el plural "los pretéritos", porque supone otra operación imposible... Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente.2 Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo -y en ellas nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas- es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que sólo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Entre las doctrinas de Tlön, ninguna ha merecido tanto escándalo como el materialismo. Algunos pensadores lo han formulado, con menos claridad que fervor, como quien adelanta una paradoja. Para facilitar el entendimiento de esa tesis inconcebible, un heresiarca del undécimo siglo3 ideó el sofisma de las nueve monedas de cobre, cuyo renombre escandaloso equivale en Tlön al de las aporías eleáticas. De ese "razonamiento especioso" hay muchas versiones, que varían el número de monedas y el número de hallazgos; he aquí la más común:

El martes, X atraviesa un camino desierto y pierde nueve monedas de cobre. El jueves, Y encuentra en el camino cuatro monedas, algo herrumbradas por la lluvia del miércoles. El viernes, Z descubre tres monedas en el camino. El viernes de mañana, X encuentra dos monedas en el corredor de su casa. El heresiarca quería deducir de esa historia la realidad -id est la continuidad- de las nueve monedas recuperadas. Es absurdo (afirmaba) imaginar que cuatro de las monedas no han existido entre el martes y el jueves, tres entre el martes y la tarde del viernes, dos entre el martes y la madrugada del viernes. Es lógico pensar que han existido -siquiera de algún modo secreto, de comprensión vedada a los hombres- en todos los momentos de esos tres plazos.

El lenguaje de Tlön se resistía a formular esa paradoja; los más no la entendieron. Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota. Repitieron que era una falacia verbal, basada en el empleo temerario de dos voces neológicas, no autorizadas por el uso y ajenas a todo pensamiento severo: los verbos encontrar y perder, que comportan una petición de principio, porque presuponen la identidad de las nueve primeras monedas y de las últimas. Recordaron que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico. Denunciaron la pérfida circunstancia algo herrumbradas por la lluvia del miércoles, que presupone lo que se trata de demostrar: la persistencia de las cuatro monedas, entre el jueves y el martes. Explicaron que una cosa es igualdad y otra identidad y formularon una especie de reductio ad absurdum, o sea el caso hipotético de nueve hombres que en nueve sucesivas noches padecen un vivo dolor. ¿No sería ridículo -interrogaron- pretender que ese dolor es el mismo?4 Dijeron que al heresiarca no lo movía sino el blasfematorio propósito de atribuir la divina categoría de ser a unas simples monedas y que a veces negaba la pluralidad y otras no. Argumentaron: si la igualdad comporta la identidad, habría que admitir asimismo que las nueve monedas son una sola.


Increíblemente, esas refutaciones no resultaron definitivas. A los cien años de enunciado el problema, un pensador no menos brillante que el heresiarca pero de tradición ortodoxa, formuló una hipótesis muy audaz. Esa conjetura feliz afirma que hay un solo sujeto, que ese sujeto indivisible es cada uno de los seres del universo y que éstos son los órganos y máscaras de la divinidad. X es Y y es Z. Z descubre tres monedas porque recuerda que se le perdieron a X; X encuentra dos en el corredor porque recuerda que han sido recuperadas las otras... El Onceno Tomo deja entender que tres razones capitales determinaron la victoria total de ese panteísmo idealista. La primera, el repudio del solipsismo; la segunda, la posibilidad de conservar la base psicológica de las ciencias; la tercera, la posibilidad de conservar el culto de los dioses. Schopenhauer (el apasionado y lúcido Schopenhauer) formula una doctrina muy parecida en el primer volumen de Parerga und Paralipomena.

La geometría de Tlön comprende dos disciplinas algo distintas: la visual y la táctil. La última corresponde a la nuestra y la subordinan a la primera. La base de la geometría visual es la superficie, no el punto. Esta geometría desconoce las paralelas y declara que el hombre que se desplaza modifica las formas que lo circundan. La base de su aritmética es la noción de números indefinidos. Acentúan la importancia de los conceptos de mayor y menor, que nuestros matemáticos simbolizan por > y por <, Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas. El hecho de que varios individuos que cuentan una misma cantidad logran un resultado igual, es para los psicólogos un ejemplo de asociación de ideas o de buen ejercicio de la memoria. Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.

En los hábitos literarios también es todopoderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles -el Tao Te King y las 1001 Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la psicología de ese interesante homme de lettres...

También son distintos los libros. Los de ficción abarcan un solo argumento, con todas las permutaciones imaginables. Los de naturaleza filosófica invariablemente contienen la tesis y la antítesis, el riguroso pro y el contra de una doctrina. Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.

Siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad. No es infrecuente, en las regiones más antiguas de Tlön, la duplicación de objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir y son, aunque de forma desairada, un poco más largos. Hasta hace poco los hrönir fueron hijos casuales de la distracción y el olvido. Parece mentira que su metódica producción cuente apenas cien años, pero así lo declara el Onceno Tomo. Los primeros intentos fueron estériles. El modus operandí, sin embargo, merece recordación. El director de una de las cárceles del estado comunicó a los presos que en el antiguo lecho de un río había ciertos sepulcros y prometió la libertad a quienes trajeran un hallazgo importante. Durante los meses que precedieron a la excavación les mostraron láminas fotográficas de lo que iban a hallar. Ese primer intento probó que la esperanza y la avidez pueden inhibir; una semana de trabajo con la pala y el pico no logró exhumar otro hrön que una rueda herrumbrada, de fecha posterior al experimento. Éste se mantuvo secreto y se repitió después en cuatro colegios. En tres fue casi total el fracaso; en el cuarto (cuyo director murió casualmente durante las primeras excavaciones) los discípulos exhumaron -o produjeron- una máscara de oro, una espada arcaica, dos o tres ánforas de barro y el verdinoso y mutilado torso de un rey con una inscripción en el pecho que no se ha logrado aún descifrar. Así se descubrió la improcedencia de testigos que conocieran la naturaleza experimental de la busca... Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios; ahora se prefiere los trabajos individuales y casi improvisados. La metódica elaboración de hrönir (dice el Onceno Tomo) ha prestado servicios prodigiosos a los arqueólogos. Ha permitido interrogar y hasta modificar el pasado, que ahora no es menos plástico y menos dócil que el porvenir. Hecho curioso: los hrönir de segundo y de tercer grado -los hrönir derivados de otro hrön, los hrönir derivados del hrön de un hrön- exageran las aberraciones del inicial; los de quinto son casi uniformes; los de noveno se confunden con los de segundo; en los de undécimo hay una pureza de líneas que los originales no tienen. El proceso es periódico: el hrön de duodécimo grado ya empieza a decaer. Más extraño y más puro que todo hrön es a veces el ur: la cosa producida por sugestión, el objeto educido por la esperanza. La gran máscara de oro que he mencionado es un ilustre ejemplo.


Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.

Salto Oriental, 1940.

Posdata de 1947. Reproduzco el artículo anterior tal como apareció en la Antología de la literatura fantástica, 1940, sin otra escisión que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo. Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha... Me limitaré a recordarlas.

En marzo de 1941 se descubrió una carta manuscrita de Gunnar Erfjord en un libro de Hinton que había sido de Herbert Ashe. El sobre tenía el sello postal de Ouro Preto, la carta elucidaba enteramente el misterio de Tlön. Su texto corrobora las hipótesis de Martínez Estrada. A principios del siglo XVII, en una noche de Lucerna o de Londres, empezó la espléndida historia. Una sociedad secreta y benévola (que entre sus afilados tuvo a Dalgarno y después a George Berkeley) surgió para inventar un país. En el vago programa inicial figuraban los "estudios herméticos", la filantropía y la cábala. De esa primera época data el curioso libro de Andreä. Al cabo de unos años de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país. Resolvieron que cada uno de los maestros que la integraban eligiera un discípulo para la continuación de la obra. Esa disposición hereditaria prevaleció; después de un hiato de dos siglos la perseguida fraternidad resurge en América. Hacia 1824, en Memphis (Tennessee) uno de los afiliados conversa con el ascético millonario Ezra Buckley. Éste lo deja hablar con algún desdén -y se ríe de la modestia del proyecto. Le dice que en América es absurdo inventar un país y le propone la invención de un planeta. A esa gigantesca idea añade otra, hija de su nihilismo:5 la de guardar en el silencio la empresa enorme. Circulaban entonces los veinte tomos de la Encyclopaedia Britannica; Buckley sugiere una enciclopedia metódica del planeta ilusorio. Les dejará sus cordilleras auríferas, sus ríos navegables, sus praderas holladas por el toro y por el bisonte, sus negros, sus prostíbulos y sus dólares, bajo una condición: "La obra no pactará con el impostor Jesucristo." Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo. Buckley es envenenado en Baton Rouge en 1828; en 1914 la sociedad remite a sus colaboradores, que son trescientos, el volumen final de la Primera Enciclopedia de Tlön. La edición es secreta: los cuarenta volúmenes que comprende (la obra más vasta que han acometido los hombres) serían la base de otra más minuciosa, redactada no ya en inglés, sino en alguna de las lenguas de Tlön. Esa revisión de un mundo ilusorio se llama provisoriamente Orbis Tertius y uno de sus modestos demiurgos fue Herbert Ashe, no sé si como agente de Gunnar Erfjord o como afiliado. Su recepción de un ejemplar del Onceno Tomo parece favorecer lo segundo. Pero ¿y los otros? Hacia 1942 arreciaron los hechos. Recuerdo con singular nitidez uno de los primeros y me parece que algo sentí de su carácter premonitorio. Ocurrió en un departamento de la calle Laprida, frente a un claro y alto balcón que miraba el ocaso. La princesa de Faucigny Lucinge había recibido de Poitiers su vajilla de plata. Del vasto fondo de un cajón rubricado de sellos internacionales iban saliendo finas cosas inmóviles: platería de Utrecht y de París con dura fauna heráldica, un samovar. Entre ellas -con un perceptible y tenue temblor de pájaro dormido- latía misteriosamente una brújula. La princesa no la reconoció. La aguja azul anhelaba el norte magnético; la caja de metal era cóncava; las letras de la esfera correspondían a uno de los alfabetos de Tlön. Tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real. Un azar que me inquieta hizo que yo también fuera testigo de la segunda. Ocurrió unos meses después, en la pulpería de un brasilero, en la Cuchilla Negra. Amorim y yo regresábamos de Sant'Anna. Una creciente del río Tacuarembó nos obligó a probar (y a sobrellevar) esa rudimentaria hospitalidad. El pulpero nos acomodó unos catres crujientes en una pieza grande, entorpecida de barriles y cueros. Nos acostamos, pero no nos dejó dormir hasta el alba la borrachera de un vecino invisible, que alternaba denuestos inextricables con rachas de milongas -más bien con rachas de una sola milonga. Como es de suponer, atribuimos a la fogosa caña del patrón ese griterío insistente... A la madrugada, el hombre estaba muerto en el corredor. La aspereza de la voz nos había engañado: era un muchacho joven. En el delirio se le habían caído del tirador unas cuantas monedas y un cono de metal reluciente, del diámetro de un dado. En vano un chico trató de recoger ese cono. Un hombre apenas acertó a levantarlo. Yo lo tuve en la palma de la mano algunos minutos: recuerdo que su peso era intolerable y que después de retirado el cono, la opresión perduró. También recuerdo el círculo preciso que me grabó en la carne. Esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y de miedo. Un paisano propuso que lo tiraran al río correntoso. Amorim lo adquirió mediante unos pesos. Nadie sabía nada del muerto, salvo "que venía de la frontera". Esos conos pequeños y muy pesados (hechos de un metal que no es de este mundo) son imagen de la divinidad, en ciertas religiones de Tlön.


Aquí doy término a la parte personal de mi narración. Lo demás está en la memoria (cuando no en la esperanza o en el temor) de todos mis lectores. Básteme recordar o mencionar los hechos subsiguientes, con una mera brevedad de palabras que el cóncavo recuerdo general enriquecerá o ampliará. Hacia 1944 un investigador del diario The American (de Nashville, Tennessee) exhumó en una biblioteca de Memphis los cuarenta volúmenes de la Primera Enciclopedia de Tlön. Hasta el día de hoy se discute si ese descubrimiento fue casual o si lo consintieron los directores del todavía nebuloso Orbís Tertius. Es verosímil lo segundo. Algunos rasgos increíbles del Onceno Tomo (verbigracia, la multiplicación de los hrönir) han sido eliminados o atenuados en el ejemplar de Memphis; es razonable imaginar que esas tachaduras obedecen al plan de exhibir un mundo que no sea demasiado incompatible con el mundo real. La diseminación de objetos de Tlön en diversos países complementaría ese plan...6 El hecho es que la prensa internacional voceó infinitamente el "hallazgo". Manuales, antologías, resúmenes, versiones literales, reimpresiones autorizadas y reimpresiones piráticas de la Obra Mayor de los Hombres abarrotaron y siguen abarrotando la tierra. Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder. Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas -traduzco: a leyes inhumanas- que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles. Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), "idioma primitivo" de Tlön; ya la enseñanza de su historia armoniosa (y llena de episodios conmovedores) ha obliterado a la que presidió mi niñez; ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre -ni siquiera que es falso. Han sido reformadas la numismática, la farmacología y la arqueología. Entiendo que la biología y las matemáticas aguardan también su avatar... Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo. Su tarea prosigue. Si nuestras previsiones no erran, de aquí a cien años alguien descubrirá los cien tomos de la Segunda Enciclopedia de Tlön.


Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será Tlön. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne.

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1. Haslam ha publicado también A General History of Labyrinths.

2. Russell. (The Analisis of Mind, 1921, página 159) supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que "recuerda" un pasado ilusorio.

3. Siglo, de acuerdo con el sistema duodecimal, significa un período de ciento cuarenta y cuatro años.

4. En el día de hoy, una de las iglesias de Tlón sostiene platónicamente que tal dolor, que tal matiz verdoso del amarillo, que tal temperatura, que tal sonido, son la única realidad. Todos los hombres, en el veniginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.

5. Buckley era librepensador, fatalista y defensor de la esclavitud.

6. Queda, naturalmente, el problema de la matesia de algunos objetos.

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REFERENCIAS
  • Adolfo Bioy Casares, personaje real, amigo, escritor y colaborador frecuente de Borges.
  • Justus Perthes, personaje real, siglo XVIII fundador de una editorial alemana que lleva su nombre; sin discusión, el relato no miente cuando da a entender que en los atlas de esa imprenta no figura Uqbar.
  • Carl Ritter, uno de los fundadores de la geografía moderna. En el relato, Borges hace notar la ausencia de menciones a Uqbar en el índice cartográfico de Erdkunde. (En el relato, sólo se menciona el apellido.)
  • Smerdis, El relato lo menciona como "el impostor, Smerdis el mago". Luego de la muerte del Smerdis real (hijo de Ciro el Grande de Persia) un sacerdote mago llamado Gaumata se hizo pasar por él durante varios meses gobernando en su nombre.
  • Silas Haslam, Un personaje sin duda ficticio. "Haslam" era el apellido de soltera de la abuela paterna de Borges, Frances Haslam.
  • Bernard Quaritch, Un librero auténtico del Londres decimonónico. Todavía existe la librería de este nombre. En el relato sus catálogos incluyen la Historia del país llamado Uqbar de Silas Haslam.
  • Johannes Valentinus Andreae, Teólogo alemán, y autor real de Chymische Hochzeit Christiani Rosencreutz anno 1459 (El matrimonio químico de Christian Rosencreutz, pero no de Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asien(Notas legibles y valiosas sobre el país de Uqbar en Asia menor) libro en realidad inexistente, pero atribuido a Andreae en el relato.
  • Thomas De Quincey, mejor conocido por sus trabajos autobiográficos Confesiones de un inglés comedor de opio y Recuerdos del lago. Mencionado al paso en el relato (por su apodo) por su mención (no verificada independientemente) de Andreae.
  • Carlos Mastronardi, Escritor argentino, miembro del grupo Martín Fierro y amigo cercano de Borges. En el relato, Mastronardi encuentra una copia de la Ciclopedia Anglo-Americana que olvida mencionar a Uqbar.
  • Herbert Ashe, personaje ficticio, basado en Mr. William Foy, un huésped del hotel Las Delicias de Adrogué , quien como Ashe era inglés, empleado del ferrocarril sur y "adolecía de irrealidad".
  • Néstor Ibarra, Ezequiel Martínez Estrada, y (Pierre) Drieu La Rochelle, todos históricos, descritos en el relato como enfrentados en una disputa sobre si el descubrimiento de Una Primera Enciclopedia de Tlön. Volúmenes XI. Hlaer a Jangr implica la existencia de los otros volúmenes a los que hace referencia. Ibarra fue un notable poeta argentino (y traductor de Borges al francés); Estrada, argentino, fue el autor de, entre otros, Muerte y transfiguración de Martín Fierro, un estudio sobre el trabajo literario más famoso de Argentina en el siglo XIX. Drieu La Rochelle, quien estuvo a punto de suicidarse al difundirse su colaboración con los nazis durante la ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, fue uno de los pocos colaboradores extranjeros de Sur, el periódico argentino de Victoria Ocampo del cual Borges era colaborador regular.
  • Alfonso Reyes Ochoa, escritor y diplomático mexicano destinado en Argentina durante un tiempo, y al que Borges consideraba ser el mejor prosista en lengua castellana moderna. En el relato, el propone recrear de cero los volúmenes faltantes de Una Primera Enciclopedia de Tlön, comentando que "una generación de tlönistas sería suficiente".
  • El filósofo Leibniz se menciona de pasada y Hume es citado por apreciar que “los argumentos de Berkeley no admitían la menor réplica y no causaban la menor convicción.”.
  • El obispo George Berkeley es motor del relato, como fundador de la escuela filosófica del idealismo moderno.
  • Xul Solar, pseudónimo de Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, acuarelista argentino, esotérico, y (seguramente lo de mayor interés aquí) inventor de lenguajes imaginarios. En el mundo real un íntimo de Borges y miembro del grupo de Florida; en el relato traduce hábilmente una de las lenguas del hemisferio Sur de Tlön.
  • Alexius Meinong, psicólogo y filósofo austriaco, autor de Gegenstandstheorie (“La teoría de los objetos”), donde se extendió sobre la noción de objetos que existen sólo en nuestra mente. En el relato es citado por su apellido; sus teorías se citan en relación con la explicación de los idiomas del hemisferio Norte de Tlön. Probablemente Borges está reconociendo así de donde extrajo la idea para esta familia imaginaria de lenguas.
  • Bertrand Russell, filósofo británico. En una nota al pie, el relato se refiere (correctamente) a su conjetura de que (en palabras de Borges) “el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que «recuerda» un pasado ilusorio.”
  • Baruch Spinoza, filósofo judío, holandés de origen portugués, citado por su apellido, y adecuadamente parafraseado: “Spinoza atribuye a su inagotable divinidad los atributos de la extensión y del pensamiento;”.
  • De manera semejante el uso que el relato hace de la frase alemana Philosophie des Als Ob se refiere presumiblemente al filósofo Hans Vaihinger, cuya obra de ese título propone la noción de que todos los conceptos humanos son simplemente ficciones útiles.
  • El filósofo griego antiguo Zenón de Elea es adecuadamente aludido por sus paradojas en las que niega la posibilidad del movimiento, basándose en la indivisibilidad del tiempo.
  • El filósofo Arthur Schopenhauer, como Meinong, es citado, en este caso por sus Parerga und Paralipomena, emparentados con el panteísmo idealista de Tlön. Probablemente la anotación de Borges acerca de guardar un fundamento psicológico para las ciencias es una especie de broma sobre lo de guardar un fundamento científico para la psicología.
  • Gunnar Erfjord no es seguramente una persona real. El nombre es una combinación de Gunnar Lange y Berta Erfjord, padres de la autora argentina Norah Lange, otro miembro del grupo Martín Fierro. Al principio de la posdata, una carta de Gunnar Erfjord aclara el misterio de la "sociedad secreta y benévola" que tramó Tlön. Seguramente también es el noruego de Rio Grande do Sul que se menciona previamente en la narración.
  • Thomas Browne, escritor inglés de varias obras que mostraban su amplia formación en diversos campos, como la medicina, la religión, la ciencia y lo esotérico. Autor de Hydriotaphia, Urn Burial. Este libro acerca de los ritos y costumbres funerales de varios pueblos arguye en su quinto y último capítulo que en vano esperamos perdurar en monumentos y sepulcros.


¡Hola de nuevo! / Max Jara

jueves, 5 de noviembre de 2015

¡Vaya! Cuánto tiempo. A pesar de eso, se siente extrañamente familiar el mover mis dedos a través de esta nueva entrada.
Desde hace unos días me he visto muy nostálgica porque empezó la FILSA (Feria Internacional del Libro en Santiago), los recuerdos se derramaron por todos mis días, queriendo revivir los sucesos de hace un año, porque en pocos lugares he estado que sean tan utópicos como lo es la FILSA. Recordé entonces el blog, ya ni puedo evocar el momento en que me habré alejado de este recóndito y acogedor lugar, soy como la niña que dejó a un lado su juguete por haber encontrado uno nuevo, me alejé sin meditarlo y de manera inocente me adentré a un nuevo mundo.
Han pasado varios meses y me adentré más y más en el mundo de la literatura, y ahora, a semanas de terminar mi período escolar, siento mucha ansiedad e incertidumbre acerca de lo que se avecina, una deliciosa ansiedad infantil, una que teme a lo desconocido pero que no puede esperar a descubrir el futuro.
Cuando fantaseo acerca de como será estudiar Literatura en la universidad me lleno de emoción saltarina e imparable, porque en este tiempo he sido capaz de darme cuenta de que no hay cosa más hermosa, dolorosa, multifacética y perfecta que la literatura, porque es la vida y la muerte y todo lo existente. Pues eso, me enamoré.

Y ahora que he regresado quiero mostrarles un poema, que es simplemente exquisito, del poeta Max Jara.


MAX JARA (1886 - 1965)

  • Maximiliano Jara Troncoso
  • Poeta nacido el 21 de agosto de 1886, en Yerbas Buenas, localidad cercana a Linares.
  • Publicó sus primeros versos a los trece años.
  • Estudió medicina para abandonarlas al tercer año y dedicarse a la literatura.
  • Su primer libro fue Juventud: Poesía Romántica, publicado en 1909.
  • Segundo libro: ¿Poesías...? (1914)
  • Tercer libro: Asonantes:(Tono menor) (1922)
  • Premio Nacional de Literatura en 1956





Ojitos de pena

Ojitos de pena, 
carita de luna, 
lloraba la niña 
sin causa ninguna. 

La madre cantaba, 
meciendo la cuna: 
“No llore sin pena, 
carita de luna”. 

Ojitos de pena, 
carita de luna, 
ya niña lloraba 
amor sin fortuna. 

-“¡Qué llanto de niña! 
sin causa ninguna”, 
pensaba la madre 
como ante la cuna; 
-“¡Qué sabe de pena, 
carita de luna!”. 

Ojitos de pena, 
carita de luna, 
ya es madre la niña 
que amó sin fortuna; 
y al hijo consuela 
meciendo la cuna: 
-“No llore, mi niño, 
sin causa ninguna; 
no ve que me apena, 
carita de luna”. 

Ojitos de pena, 
carita de luna, 
abuela es la niña 
que lloró en la cuna. 
Muriéndose, llora 
su muerte importuna. 
-“¿Por qué llora, abuela, 
sin causa ninguna?” 

Llorando las propias, 
¿quién vio las ajenas? 
Mas todas son penas, 
carita de luna.


Mi Biblioteca (parte 3)

jueves, 21 de mayo de 2015

¡Tercera parte de la lista de mis libros! Para los que no sepan, aquí están todos los libros que poseo en mi habitación. Les dejo en los siguientes links las partes anteriores:



En esta edición les mostraré mis libros chilenos ¡Empecemos!

Las Bestias


NOMBRE: Las Bestias

AUTOR: José Luis Flores

ILUSTRADOR: Paulo Andreas Lorca

EDITORIAL: Biblioteca de Chilenia
Editorial Biblioteca de Chilenia es una iniciativa del Portal de Arte Chilenia, colectivo artístico de difusión de las diversas ramas artísticas con un sazón fantástico y de carácter independiente.

COLECCIÓN: de los Altísimos, vol. II
La colección de los Altísimos es un reconocimiento que hace la Editorial Biblioteca de Chilenia a autores chilenos que han dejado huella en la escena literaria chilena, con especial énfasis en narradores de literatura de género.

EDICIÓN: Primera edición, edición limitada de 300 ejemplares.

PÁGINAS: 200 páginas

"¿Qué pasaría si el mundo perdiera la razón? ¿Qué pasaría si el miedo fuese una enfermedad como la influenza o tuberculosis? Ahora imagínate que estas viendo al mundo desmoronarse, desde tu silla de ruedas, en el sanatorio. Sí, porque ese es el precio que tuviste que pagar por ser uno de los primeros contagiados con el Ruido Blanco."


El niño que enloqueció de amor


NOMBRE: El niño que enloqueció de amor

AUTOR: Eduardo Barrios

EDITORIAL: Ediciones A & C

PÁGINAS:  99 páginas

"Un niño se enamora de una amiga de su madre llamada Angélica. Y este suceso empieza a cambiar toda su vida, ya que sus emociones maduran ante el tiempo. Desde la llegada de su enamoramiento, este opta por empezar a escribir en su diario debido a que un hombre a quien quiere como a su padre, Don Carlos Romeral, le dice que todo se debe llevar guardado en un diario con candado muy bien asegurado."


PSIQUE


NOMBRE: PSIQUE

AUTORA: Carolina Lehman

EDITORIAL: Mythica Ediciones

PÁGINAS: 224 páginas

"Psilvia despierta en un Santiago devastado por un evento cataclísmico, su memoria tan en ruinas como la ciudad misma. En un intento por recuperar su pasado y encausar su presente, acata las instrucciones de un "amigo imaginario" que la guía por las calles al encuentro de un sinnúmero de peligros, pero también de Paula.
Junto a Paula, Psilvia iniciará un viaje que la llevará desde un Santiago en estado de sitio hacia un Valparaíso devenido en la peor Babilonia. Los obstáculos y amenazas hallados en el trayecto motivarán en Psilvia continuas metamorfosis que pondrán en jaque la recuperación de su humanidad.
Psique es una exploración del cuerpo y el alma, en aquello que nos define como seres humanos. Ofrece muchas preguntas y tal vez una sola contundente respuesta: "para vivir realmente, hay que saber amar"."


¿Quién mató a Cristián Kustermann? Un caso de Cayetano Brulé


NOMBRE: ¿Quién mató a Cristián Kustermann? Un caso de Cayetano Brulé

AUTOR: Roberto Ampuero

EDITORIAL: Edisur

PÁGINAS: 230 páginas

"Carlos Kustermann, un adinerado hombre de negocios, contrata al detective Cayetano Brulé para que investigue el homicidio de su hijo Cristian, pues la policía no ha logrado esclarecerlo y el padre no se conforma con el rumor de que se haya tratado de un crimen ligado a las drogas o a la delincuencia común. Las pistas llevarán a Brulé a Alemania y a Cuba para desentrañar el misterio, pero descubrirá también una sorprendente trama que involucra los vaivenes políticos de una generación que vivió el auge y la frustración de los ideales de la izquierda en América Latina, en la época en que los regímenes de Fidel Castro y Augusto Pinochet agitaban al continente. Esta novela de Roberto Ampuero inauguró la saga de su legendario personaje, el detective Cayetano Brulé, cuyas novelas han logrado cautivar a los lectores por cerca de quince años."


El Legado


NOMBRE: El Legado

AUTORA: Camila Valenzuela León

SAGA: Trilogía Zahorí, primer libro

EDITORIAL: Ediciones SM

"Siglos atrás, en la antigua Irlanda, quedó pendiente una promesa y un oscuro presagio. Algunos creyeron que el juramento quedaría en la palabra, pero la sangre no olvida. Solo en el presente, cuando las hermanas Azancot lleguen a vivir a un remoto pueblo en el sur de Chile, un linaje completo entenderá la fuerza de ese juramento. Entre el mar y bosques de alerces milenarios, se encuentra la casona de Mercedes Plass, una abuela que guarda varios secretos familiares. Pronto, las cuatro hermanas descubrirán su destino y el legado que les fue heredado."


Revelaciones


NOMBRE: Revelaciones

AUTORA: Camila Valenzuela León

SAGA: Trilogía Zahorí, segundo libro

EDITORIAL: Ediciones SM

"El legado transmitido a las hermanas Azancot será completamente revelado y vivirán las consecuencias de una maldición generada por los originales. Damián se ha fortalecido y los constantes ataques refuerzan el rumor sobre una inminente guerra entre oscuros y elementales; la única esperanza está fijada en encontrar a la elegida de fuego, pero en esta incansable búsqueda se abrirán nuevas puertas y la verdadera historia del linaje elemental saldrá a la luz."


SUB-TERRA



NOMBRE: SUB-TERRA

AUTOR: Baldomero Lillo

EDITORIAL: Andrés Bello

PÁGINAS: 175 páginas

"A través de sus cuentos, Baldomero Lillo se interna por las intrincadas galerías de la mina de carbón de Lota, poniendo al descubierto la dura rutina de los mineros y la explotación de la que eran víctimas. La profunda percepción del alma minera y su prosa directa y descarnada convirtieron a Sub terra en un clásico de la literatura chilena. "



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